sábado, 2 de julio de 2011

Doble entrada. Me siento culpable D: Además, esta no cuenta, porque es un one de Harry Potter. Siento que Ashley, la conoceréis a continuación, sea tan Mary Sue. Si habéis leído el último libro, os centraréis. Tiene un leve spoiler, MUY LEVE XD La mayoría de los personajes son propiedad de la fantástica J.K., pero Ashley, Emma, Max, Alexander y Alexandra son de mi cabeza. ¡Un besito!

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La boda de Bill y Fleur estaba teniendo un éxito arrollador. En la carpa, todos los invitados se lo pasaban estupendamente, olvidando por unas horas la inminente amenaza mundial, y aunque los pequeños héroes también disfrutaban no podían quitarse de la cabeza su pronta marcha.
-¡Uh! –Reía Alex, dando vueltas con George.
Ashley y Luna marcaban –acompañadas de carcajadas- el son de la música irlandesa con palmas, sentadas en la orilla de lo que habían designado pista de baile, donde prácticamente todos sus conocidos bailaban. Hasta Emma estaba allí, que había hecho migas con Fleur el último curso de Beuxbatons
-Ashley- La llamó Luna con su vocecilla, muy cerca de su oreja para hacerse oír entre el tumulto.- Voy unos minutos con mi padre.
La muchacha le sonrió como respuesta. No parecía la misma Luna que hace dos años aturdía mortífagos en el Ministerio a la que ahora se dejaba morder por gnomos porque su saliva era ‘beneficiosa’.
Cuando se fue su amiga, se quedó embobada sin darse cuenta, apoyando el mentón en una de sus manos que tantos goles había marcado. Transcurridos unos segundos, algo se sentó a su lado y la agarró con delicadeza por la cintura.
-¿No bailas? –Inquirió Fred, mirándola desde su hombro.
-No es una de mis actividades favoritas.
El joven rió.
-Lo sé. Apuesto la oreja restante de George a que, con este vestido tan bonito que llevas, te subirías a las Cometas y echarías un partido.
-¿Tan predecible soy?- Preguntó siguiéndole la corriente, mirando el simple vestido que portaba.
Fred no le contestó, pero esbozó una sonrisa. Se puso en pie y, sin previo aviso, la arrastró fuera de la carpa al tiempo que ella peleaba con los tacones.
Alexandra paró un momento a George y miró la escena con su habitual sonrisa traviesa e inocente que la caracterizaba. Alex en estado puro.
Ya fuera, Fred continuó arrastrándola hasta una zona del jardín algo lejana a la carpa, que se veía a lo lejos, pero seguía creando ruido. Hacía una bonita noche, y la luna iluminaba perfectamente el jardín de los Weasley.
-¿Y bien?- Preguntó la morena, enarcando una ceja con diversión.
-¿Y bien qué?
-Me has arrastrado desde la carpa donde se celebra la boda de tu hermano y una arpía, todo el mundo se lo está pasando bomba.
-Tú no.
Ashley se quedó sin respuesta alguna.
-Creo que te pasa algo. Aunque no te guste bailar, estarías dando trotes por ahí con Remus o mi madre.
La chica sonrió levemente, mientras recogía detrás de la oreja un mechón negro.
-Nunca me ha caído bien Fleur.- Contestó.
Fred siguió mirándola. Eso no era la respuesta que quería oír de sus labios.
-Sólo es la presión de todo esto.- Miró la carpa.- Harry y los demás intentan aparentar que no tienen ninguna preocupación, pero están tan estresados como yo. Pronto tendremos que irnos, y…
Fred le puso el dedo índice en la boca, acercándose a ella.
-Exacto. Dentro de nada, os marcharéis, y… Detesto decir que no sé cuando vais a volver, pero puede pasar mucho tiempo antes de reencontrarnos. Por eso quiero olvidar este tema… ¿No vas a bailar conmigo ni una vez?
El pelirrojo llevaba razón, se mirara por donde se mirara. Podían transcurrir meses hasta volver a verse, irse en cualquier momento y tal vez hasta no hacerlo nunca. Ashley sacudió la cabeza, alejando eso de su mente.
-S'il vous plaît pourriez-vous danser avec mon humble personne?
-No he entendido ni una palabra.- Le contestó el muchacho, cogiendo sus manos y poniéndolas en sus hombros. Seguidamente, enmarcó la cintura de la muchacha con las suyas y empezó a bailar una danza improvisada.
-He dicho que voy a echarte mucho de menos.
Ashley intentaba seguir los pasos de su acompañante, pero le era imposible. De una forma u otra, sus doloridos pies se entrelazaban y se valía de Fred para no caer. Su mirada azul no se alzaba, tratando de controlar sus extremidades inferiores.
Fred se dirigió a su boca, siguiendo con su baile como si nada. La pelinegra, intentando no acabar en el suelo, se agarró como pudo mientras le besaba.
En esos momentos, el pelirrojo parecía Judas: le condenaba con sus besos. Cada chispa que saltaba por el frenético roce era un aliento para que no fuera en la misión de los Horrocruxes. Pero no iba a abandonar a su amigo.
-Tienes ansias de mí.- Dijo Fred entrecortado entre beso y beso. Y era verdad. Sin darse cuenta, la muchacha se había aferrado a él y no se despegaba. Le daba igual caerse. En un futuro próximo, echaría de menos eso.- ¿Tan necesitada estás?- Rió en su boca.
-Idiota.- Terminó, dándole un último beso con parsimonia, mareando ambas lenguas. Por fin, se separó y dejó al chico recobrar el aliento.
-¿No echabas de menos estar juntos?
Ella suspiró.
-Mucho.
No había habido un solo día en el que hubieran estado separados y no se hubieran recordado continuamente. Al momento, se hizo el silencio con las últimas palabras de Ashley, hasta que esta susurró:
-¿Qué va a pasar cuando acabe todo esto? ¿Y cuando termine de Hogwarts?
Fred se dio cuenta de lo que quería decir. Se refería a ellos, pero Ashley rehuía de pronunciar esas palabras o mirarlo mientras hablaba.
-Tengo un trato para ti. –Él sonrió, al tiempo que la muchacha lo miraba.- Me ofrezco a llevarte el desayuno a la cama. Todos los días. Jugar al Quidditch y visitar la Madriguera cuando quieras. Hacer el amor una, dos, tres, cuatrocientas veces. A cambio de esto, sólo te pido que cada mañana te despiertes a mi lado.
Ashley se mordió el labio y lo miró con ternura. Las lágrimas iban a aflorar en sus ojos, y eso no le hacía gracia. Se enterró en su pecho y le respondió:
-Acepto, por supuesto.- Le dijo, intentando que su tono no se quebrara.- Salgo ganando.
Cuando él se disponía a responder, un fuerte ruido proveniente de la carpa hizo que ambos miraran alarmados. Despedía humo, había sido una explosión.
-Son ellos…- Murmuró Ashley.
Los dos salieron corriendo dirección carpa. Los mortífagos estaban atacando, y no podían quedarse de brazos cruzados o esconderse. Pasaron por la puerta abierta, y miraron alarmados el panorama. La gente se mezclaba, sin distinguirse: unos huían y otros luchaban. Fred agarró su varita, mientras la chica buscó con la alterada mirada a Harry. Era el momento de irse.
-¡Ashley!- Gritó Hermione, llamando su atención.
La aludida vio que ella, Ron y Alex estaban cogidos, dispuestos a irse. Harry llegaba ya, así que acortó los cuatro metros que los separaban y agarró la mano de Alexandra. Una última mirada triste y desesperada, a modo de despedida, cruzó la estancia. Para ella y cierto pelirrojo, el tiempo se paró en su efímero adiós. Cuando Ashley desapareció, el gemelo se preguntó cuándo volvería a ver su cara, ese rostro que le obsesionaba y le hacía sonreír. Pasarían muchos días de nostalgia e impotencia, frustrados y solitarios suspiros de amor lejano.


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