martes, 12 de julio de 2011

Premio 'Destellos brillantes en el cielo azul'.

Las normas por ser premiad@: 

1- Publicar en el blog una entrada en la que se anuncie lo siguiente: 
     a. El nombre de la persona que te ha premiado y un enlace a su blog
     b. Premiar a seis personas, cuyos blogs te parezcan buenos, dejando su nombre y enlace al blog
     c. Colocar la imagen del premio en la entrada
     d. No premiar a nadie que ya haya recibido este premio
     e. Especificar en al entrada que hay que anunciar todas las normas cada vez que se premie a alguien.
     f. CONTAR TU MAYOR SUEÑO

2- Si no se acepta el premio, se le debe avisar a la persona que te premió para poder premiar a otro. 
    


Andi, MUCHÍSISISISISISISISISISISISISIMAS GRACIAS PRECIOSA. Es el primer premio que se me concede, y me ha hecho muchísima ilusión :) Por las aventuras de Sam en París: http://contandolavidaenparis.blogspot.com/ ¡GRACIAS de nuevo! Eres lo mejor, enana mayor que yo. El viernes nos vemos ;)


AND THE WINNERS ARE... (?)


1- El Látigo de Seda, por Carmen.
2- Recuerdos de una Mentirosa, por Petite Rêveur y Adicta Mentirosa.
3- 483 letters, por Ceci.
4- El Tarro de Mermelada, por Madison.
5-Thoughts, por Miss Cafeína.
6-Cartas a las Golondrinas, por Shappire.

¡Felicidades!
¡Espero que os haga mucha ilusión!

Mi mayor sueño: Llegar a muchas personas en el futuro, ya sea a través de la fotografía o la literatura.

lunes, 4 de julio de 2011

Los chicos de verdad acompañan a su cita a casa.

Los ojos verdes y acusadores de Phoebe lo atravesaron, exigiendo una respuesta que Allen no quería dar. El chico se encogió de hombros, a lo que su complexión débil aportaba aspecto de total resignación.
-¿Y?- Repitió la chica, apoyando una mano en su cadera y echando la cabeza un poco para adelante.
-¿Y, qué?- Contestó Allen, haciéndose el ignorante. Sabía perfectamente lo que su rubia acompañante quería decirle, lo que temía.
Ella resopló y miró hacia atrás por un momento, como si fuera obvio. En la puerta de aquel portal, los dos jóvenes no alcanzaban más que ver sus propios cuerpos. El pueblo se había sumergido en la habitual oscuridad que reinaba en las noches de verano en las antiguas calles que precisaban farolas.
-¿No vas a acompañarme a casa?- Inquirió, sin quitarle los ojos de encima. La casa de Phoebe iba al norte del pueblo. La de Allen, al sur. Y el chico estaba dispuesto a echar a andar hacia la suya sin ningún miramiento hacia su pareja esa noche.
Había llegado ese punto de las citas que el chico detestaba. Donde su cerebro le gritaba ‘¿¡Qué narices haces aquí, con una chica!?’ Sí, hay todo se quebraba. La aparente normalidad que había mantenido durante toda la velada nocturna se resquebrajaba con una simple palabra.
-No.- Pronunció al fin, mientras las sandalias romanas de Phoebe se aferraban al suelo intentando sostenerla.
No daba crédito a aquello. Nadie se atrevería a darle nunca esa respuesta a la chica más popular del pueblo.
-No sé qué hago saliendo contigo.- Escupió veneno. Pero sí lo sabía, claro. Allen, aunque un poco ‘rarillo’, era el chico más guapo de ese lugar. Y ella la más guapa, la más solicitada.
Como respuesta, él volvió a encogerse de hombros, dispuesto a darse la vuelta por segunda vez. En un segundo de supuesta astucia, Phoebe lo paró poniendo una de sus inocentes manos de animadora en el hombro. Era raro e idiota, no feo, se reprochó en su hueca cabeza.
-Venga, Allen. Dame un beso de buenas noches, por lo menos.- Murmuró ella, con la habitual voz suspicaz y seductora que haría que cualquiera se tirara a sus brazos.
Y dale. No, a él eso no le gustaba. En cambio, bastaba con mirar a algún chico medianamente guapo, como el maldito Albert –ese que le traía de cabeza- para sentir deseos de echársele encima. Las chicas no le atraían. Y en muchas humillantes ocasiones que originaba la sociedad quería que todo fuera al contrario. De todas maneras, ¿qué le podía ofrecer Phoebe, aparte de sexo adolescente y una insulsa conversación sobre cualquier tontería?
-No quiero que me pegues nada, Phoebe.- La vena cruel del muchacho salió a flote, haciéndose notar en su sistema circulatorio mientras dejaba escurrir por sus labios las palabras envenenadas que dejaron congelada a la chica.
No evitó la leve sonrisa que asomaba por las delgadas comisuras de su boca. Esa vez no.
Profundamente ofendida, la boca de la rubia se abrió con aparente sorpresa. Dispuesta a irse, giró la cabeza y le escupió lo siguiente en la cara:
-Los chicos de verdad acompañan a su cita a casa. Y le dan un beso.- Hizo una pausa llena de absurdos y exagerados gestos.- Qué gay eres, ya me lo decía Erik.
Y se alejó en la penumbra de la calle, haciendo resonar las romanas en la calle empedrada. Allen la miró, y a pesar de la rabia que le daba Phoebe no pudo evitar reír suavemente. Pena, eso era lo que le causaba la tan popular animadora que no sabía deletrear su nombre.
-Que te follen, querida.- Musitó con un timbre de gracia en la voz, unas palabras que tenían como público a la oscura soledad.

sábado, 2 de julio de 2011

Doble entrada. Me siento culpable D: Además, esta no cuenta, porque es un one de Harry Potter. Siento que Ashley, la conoceréis a continuación, sea tan Mary Sue. Si habéis leído el último libro, os centraréis. Tiene un leve spoiler, MUY LEVE XD La mayoría de los personajes son propiedad de la fantástica J.K., pero Ashley, Emma, Max, Alexander y Alexandra son de mi cabeza. ¡Un besito!

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La boda de Bill y Fleur estaba teniendo un éxito arrollador. En la carpa, todos los invitados se lo pasaban estupendamente, olvidando por unas horas la inminente amenaza mundial, y aunque los pequeños héroes también disfrutaban no podían quitarse de la cabeza su pronta marcha.
-¡Uh! –Reía Alex, dando vueltas con George.
Ashley y Luna marcaban –acompañadas de carcajadas- el son de la música irlandesa con palmas, sentadas en la orilla de lo que habían designado pista de baile, donde prácticamente todos sus conocidos bailaban. Hasta Emma estaba allí, que había hecho migas con Fleur el último curso de Beuxbatons
-Ashley- La llamó Luna con su vocecilla, muy cerca de su oreja para hacerse oír entre el tumulto.- Voy unos minutos con mi padre.
La muchacha le sonrió como respuesta. No parecía la misma Luna que hace dos años aturdía mortífagos en el Ministerio a la que ahora se dejaba morder por gnomos porque su saliva era ‘beneficiosa’.
Cuando se fue su amiga, se quedó embobada sin darse cuenta, apoyando el mentón en una de sus manos que tantos goles había marcado. Transcurridos unos segundos, algo se sentó a su lado y la agarró con delicadeza por la cintura.
-¿No bailas? –Inquirió Fred, mirándola desde su hombro.
-No es una de mis actividades favoritas.
El joven rió.
-Lo sé. Apuesto la oreja restante de George a que, con este vestido tan bonito que llevas, te subirías a las Cometas y echarías un partido.
-¿Tan predecible soy?- Preguntó siguiéndole la corriente, mirando el simple vestido que portaba.
Fred no le contestó, pero esbozó una sonrisa. Se puso en pie y, sin previo aviso, la arrastró fuera de la carpa al tiempo que ella peleaba con los tacones.
Alexandra paró un momento a George y miró la escena con su habitual sonrisa traviesa e inocente que la caracterizaba. Alex en estado puro.
Ya fuera, Fred continuó arrastrándola hasta una zona del jardín algo lejana a la carpa, que se veía a lo lejos, pero seguía creando ruido. Hacía una bonita noche, y la luna iluminaba perfectamente el jardín de los Weasley.
-¿Y bien?- Preguntó la morena, enarcando una ceja con diversión.
-¿Y bien qué?
-Me has arrastrado desde la carpa donde se celebra la boda de tu hermano y una arpía, todo el mundo se lo está pasando bomba.
-Tú no.
Ashley se quedó sin respuesta alguna.
-Creo que te pasa algo. Aunque no te guste bailar, estarías dando trotes por ahí con Remus o mi madre.
La chica sonrió levemente, mientras recogía detrás de la oreja un mechón negro.
-Nunca me ha caído bien Fleur.- Contestó.
Fred siguió mirándola. Eso no era la respuesta que quería oír de sus labios.
-Sólo es la presión de todo esto.- Miró la carpa.- Harry y los demás intentan aparentar que no tienen ninguna preocupación, pero están tan estresados como yo. Pronto tendremos que irnos, y…
Fred le puso el dedo índice en la boca, acercándose a ella.
-Exacto. Dentro de nada, os marcharéis, y… Detesto decir que no sé cuando vais a volver, pero puede pasar mucho tiempo antes de reencontrarnos. Por eso quiero olvidar este tema… ¿No vas a bailar conmigo ni una vez?
El pelirrojo llevaba razón, se mirara por donde se mirara. Podían transcurrir meses hasta volver a verse, irse en cualquier momento y tal vez hasta no hacerlo nunca. Ashley sacudió la cabeza, alejando eso de su mente.
-S'il vous plaît pourriez-vous danser avec mon humble personne?
-No he entendido ni una palabra.- Le contestó el muchacho, cogiendo sus manos y poniéndolas en sus hombros. Seguidamente, enmarcó la cintura de la muchacha con las suyas y empezó a bailar una danza improvisada.
-He dicho que voy a echarte mucho de menos.
Ashley intentaba seguir los pasos de su acompañante, pero le era imposible. De una forma u otra, sus doloridos pies se entrelazaban y se valía de Fred para no caer. Su mirada azul no se alzaba, tratando de controlar sus extremidades inferiores.
Fred se dirigió a su boca, siguiendo con su baile como si nada. La pelinegra, intentando no acabar en el suelo, se agarró como pudo mientras le besaba.
En esos momentos, el pelirrojo parecía Judas: le condenaba con sus besos. Cada chispa que saltaba por el frenético roce era un aliento para que no fuera en la misión de los Horrocruxes. Pero no iba a abandonar a su amigo.
-Tienes ansias de mí.- Dijo Fred entrecortado entre beso y beso. Y era verdad. Sin darse cuenta, la muchacha se había aferrado a él y no se despegaba. Le daba igual caerse. En un futuro próximo, echaría de menos eso.- ¿Tan necesitada estás?- Rió en su boca.
-Idiota.- Terminó, dándole un último beso con parsimonia, mareando ambas lenguas. Por fin, se separó y dejó al chico recobrar el aliento.
-¿No echabas de menos estar juntos?
Ella suspiró.
-Mucho.
No había habido un solo día en el que hubieran estado separados y no se hubieran recordado continuamente. Al momento, se hizo el silencio con las últimas palabras de Ashley, hasta que esta susurró:
-¿Qué va a pasar cuando acabe todo esto? ¿Y cuando termine de Hogwarts?
Fred se dio cuenta de lo que quería decir. Se refería a ellos, pero Ashley rehuía de pronunciar esas palabras o mirarlo mientras hablaba.
-Tengo un trato para ti. –Él sonrió, al tiempo que la muchacha lo miraba.- Me ofrezco a llevarte el desayuno a la cama. Todos los días. Jugar al Quidditch y visitar la Madriguera cuando quieras. Hacer el amor una, dos, tres, cuatrocientas veces. A cambio de esto, sólo te pido que cada mañana te despiertes a mi lado.
Ashley se mordió el labio y lo miró con ternura. Las lágrimas iban a aflorar en sus ojos, y eso no le hacía gracia. Se enterró en su pecho y le respondió:
-Acepto, por supuesto.- Le dijo, intentando que su tono no se quebrara.- Salgo ganando.
Cuando él se disponía a responder, un fuerte ruido proveniente de la carpa hizo que ambos miraran alarmados. Despedía humo, había sido una explosión.
-Son ellos…- Murmuró Ashley.
Los dos salieron corriendo dirección carpa. Los mortífagos estaban atacando, y no podían quedarse de brazos cruzados o esconderse. Pasaron por la puerta abierta, y miraron alarmados el panorama. La gente se mezclaba, sin distinguirse: unos huían y otros luchaban. Fred agarró su varita, mientras la chica buscó con la alterada mirada a Harry. Era el momento de irse.
-¡Ashley!- Gritó Hermione, llamando su atención.
La aludida vio que ella, Ron y Alex estaban cogidos, dispuestos a irse. Harry llegaba ya, así que acortó los cuatro metros que los separaban y agarró la mano de Alexandra. Una última mirada triste y desesperada, a modo de despedida, cruzó la estancia. Para ella y cierto pelirrojo, el tiempo se paró en su efímero adiós. Cuando Ashley desapareció, el gemelo se preguntó cuándo volvería a ver su cara, ese rostro que le obsesionaba y le hacía sonreír. Pasarían muchos días de nostalgia e impotencia, frustrados y solitarios suspiros de amor lejano.


Érase una vez...

Hola ;_; SIENTO MUCHO no haber pasado y que esta entrada y la anterior sean auténtica basura. Ayer llegué de mis vacaciones, antes tuve exámenes y estoy loca poniéndome al día. Lo siento mucho ;_;
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Érase una vez cierta chica enamorada de cierto capullo.
Érase una vez un cúmulo de contradictorios sentimientos dentro de la pequeña.
Érase una vez cierto capullo que jugaba con cierta chica.
Érase una vez la incapacidad de mandarlo a la mierda.
Érase una vez noches de lágrimas.
Érase una vez el amor no correspondido.


domingo, 12 de junio de 2011

Necesidad de capturar.

Me identifico con esta entrada XD Tanto que soy yo, ¡se ha roto mi cámara!
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Echaba de menos su ‘¡click!’. Pasarse horas y horas con ella, encima del tejado o debajo de la cama. Probar mil ángulos y objetivos, hacer capturas de pájaros, nubes, flores, ¡daba exactamente igual! Bastaba con hacer cientos y cientos de fotos diarias y experimentar en el editor con ellas. Sentir la fotografía como lo hacía, exponerla al mundo… Pero ya no podía.
Un día, su Canon de segunda mano decidió quedarse en negro para hacerla sufrir. Al final, quedó muy lejos, concretamente en Barcelona. ¿Qué hacía ahora ella sin su cámara?

lunes, 6 de junio de 2011

Chutes de nostalgia.

Chutes de nostalgia. by Fátima♫
Chutes de nostalgia., a photo by Fátima♫ on Flickr.
A través de Flickr:
Se había ido muy lejos por él. Había atravesado muchos kilómetros hasta París sólo por no tenerlo presente. Para olvidarlo, y sanar las heridas en las que el chico echaba sal. Henry únicamente le había hecho mal, pero no podía rehuir de su persona. Demasiado atrayente.
Qué tonta había sido. Y cada vez más, confiando en él. Creyendo sus ‘te visito por las mañanas porque me gusta verte’. Patrañas y más patrañas. Cuántas palabras vacías y sin significado le había dirigido, falsedades hirientes para Perséfone.
Y allí en París, tan lejos de él, Henry no la dejaba marchar. Quería seguir dañándola estuviera donde estuviera, todo por encandilarla y manejarla a su gusto. Así que, en los sueños de la chica, cuando esta se encontraba en brazos de Morfeo, Henry se colaba vilmente y le susurraba ‘me he dicho, ¿si me gusta tanto verla, por qué sólo la veo por las mañanas, pudiendo también en las noches?’

jueves, 2 de junio de 2011

Ese que derribara sus yo nunca, sus yo qué va.

Perséfone miró por la ventana de la cafetería: había empezado a llover. Suerte que estaba justo al lado del cristal, le encantaba ver la lluvia.
Pero ese día no estaba contenta. Para nada. En la solitaria mesa de la cafetería que solía habitar, únicamente la acompañaban la tristeza y la impotencia. Alzó la mirada, observando la estancia de arriba abajo. Parejas, familias, gente solitaria… Ocupados con móviles, ordenadores o libros. Hombres y mujeres de todas las edades.
Y sólo de pensar que él podía estar allí. Ese que derribara sus principios, sus valores, sus yo nunca, sus yo qué va. El que la empujara a hacer cosas que jamás se había visto capaz de realizar. El que la comprendiera, que entendiera que odiaba su nombre profundamente, que aceptara su afán por la fotografía y Los Beatles, el que quisiera pasar los días de lluvia bajo una manta, a su lado, y los días de sol haciendo miles de fotos fuera de casa. Y sólo de pensar que él podía estar allí, y no lo conocería nunca; jamás se cruzaría en su camino ese chico que arrasara de un plumazo su monótona vida entre cámaras y música, la que había sido satisfactoria hasta haberse dado cuenta de lo difícil que era compartir esa felicidad.
Cabizbaja, se pellizcó el puente de la nariz con una de sus pequeñas manos. Suspiró con parsimonia, todo parecía complicarse a medida que crecía. Una voz la sacó de su ensimismamiento e hizo que alzara la cabeza.
-¿Este café es para usted?- Inquirió un joven. Parecía novato, nunca lo había visto.
-Sí, muchas gracias… -El chico le dirigió una pequeña sonrisa al tiempo que dejaba la taza en la mesa. Perséfone titubeó un momento, hasta que prosiguió.- ¿Le gustan Los Beatles?
El muchacho de pelo azabache afirmó con la cabeza, sin borrar la pequeña sonrisa. Sus ojos azules parecían brillar con suavidad.
-Mucho.
-Tiene buen gusto…- Musitó la chica, dirigiendo la mirada almendrada al café humeante al tiempo que el camarero desaparecía.
Bueno, tal vez no sea tan difícil…